La mayoría de las goteras no nacen donde se ven. El agua entra por un punto —una teja trisada, una unión sin sello, una perforación— y luego viaja por la cercha o el forro antes de gotear en el lugar donde finalmente se nota la mancha. Por eso reparar solo el cielo o pintar la humedad no resuelve nada: el agua sigue entrando y el problema vuelve, casi siempre peor.
Nuestro trabajo empieza por el recorrido técnico de la cubierta: revisamos pendientes, limahoyas, canaletas, perforaciones y los encuentros con muros, chimeneas o mansardas, que son los puntos donde más rápido falla un sello. Una vez confirmado el origen real, hacemos la reparación focalizada —cambio de tejas o planchas, sellado de traslapos, renovación de babetas— sin necesidad de intervenir todo el techo.
Mientras más tiempo pasa una gotera activa, más daño acumula en cerchas de madera, aislación y terminaciones interiores. Si ya viste una mancha, una gota cayendo o sientes olor a humedad, conviene actuar en los próximos días, no esperar a que llueva de nuevo para confirmar que ‘todavía gotea’.
En un departamento de un segundo piso en Santiago Centro, la gotera aparecía en el pasillo, a casi tres metros del punto real de entrada de agua. Siguiendo el recorrido de una cercha, encontramos una perforación antigua de una antena en desuso. Se selló el punto y no ha vuelto a gotear.
¿Tienes una gotera activa ahora mismo?
Cuéntanos dónde aparece la mancha y coordinamos una visita técnica para encontrar el origen real.