No todas las goteras se resuelven con un cambio completo, pero hay señales que sí lo justifican: estructura de madera comprometida, humedad recurrente en distintos puntos del mismo techo, planchas o tejas que ya perdieron su función en más de la mitad de la superficie, o una cubierta que simplemente llegó al final de su vida útil.
El proceso parte con una inspección que incluye la estructura bajo la cubierta —cerchas, costaneras, entablado— además de la lámina o teja visible. Si la estructura está sana, muchas veces se puede cambiar solo la cubierta exterior. Si hay piezas de madera dañadas por humedad prolongada, se refuerzan o reemplazan antes de instalar el nuevo techo.
Un cambio de techumbre bien ejecutado no es solo estético: mejora la pendiente de evacuación de agua, corrige errores de instalaciones anteriores y deja la vivienda protegida por otras dos o tres décadas. Trabajamos con planificación clara de plazos para minimizar los días con la cubierta parcialmente abierta.
Una casa de los años 80 en Estación Central llegó a nosotros por goteras que aparecían en distintos puntos cada invierno. Al revisar la estructura completa encontramos costaneras debilitadas por años de humedad acumulada. Se reforzó la estructura y se instaló una cubierta nueva completa; el propietario nos comentó que fue la primera vez en años que pasó un invierno sin manchas.
¿Tu techo ya acumula demasiadas reparaciones?
Te damos una evaluación honesta: si conviene reparar por zonas o si ya es momento de cambiar la cubierta completa.